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Debería haberlo sabido
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La personas perfectas no luchan, no mienten, no cometen errores y no existen.
posted on Julio 29,6 128 notas
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—A eso me refería, Caroline. Debe saberlo, estás haciendo que vuele sobre una mentira.
—No tenías el derecho de decirle que estaba aquí… —le grité, haciendo poco caso a los gritos de Vic del otro lado de la puerta.
— ¿No?, tal vez yo no era el indicado, lo sé… pero tenía que enterarse de que estabas aquí, y él tiene el derecho de saberlo.
— ¡Caroline, ábreme… por favor! —dijo Vic. Me giré con las manos cubriéndome el rostro.
—Basta… —susurré —. ¡Basta! —grité en seco. Me dirigí a la puerta nuevamente y la abrí con brusquedad.
—Vete, váyanse… —miré a Jonathan que me miraba con tristeza y enojo al mismo tiempo—. Ya me escuchaste, no me hagas repetirlo dos veces… —le dije a mi hermano. Éste negó con la cabeza cabizbaja dándome a entender que estaba molesto conmigo y salió rozándole el brazo a Víctor.
—Caroline… —murmuró Vic, y lo miré molesta, iba a decirle o reprocharle algo, pero Jonathan lo tomó del brazo y lo jaló hacia él.
—Vámonos… —le dijo. Víctor dejó caer el ramo de flores en el piso y caminó por detrás de mi hermano. La enfermera me miraba, algo confusa y atónita, pero no le hice tomé importancia a nada.
— ¿No las tomarás? —me miró y luego miró las flores. Negué con la mirada baja, dispuesta a cerrar una vez más la puerta, pero antes de poder lograrlo, Peter apareció ante mí y se plantó en medio del marco, observó el ramo con detenimiento y luego se puso de cuclillas para recogerlas. Se reincorporó y caminé hacia la cama, ya que sabía que empezaría con su típico regaño de que debía ser más amable y honesta con todas las personas que me rodeaban y que ése tipo de comportamiento no me sentaba nada bien.
Cuando me recosté sobre la cama y encendí el televisor que estaba en la esquina de la pared, Peter cerró la puerta dejando a la enfermera fuera.
— ¿Por qué? —se sentó en la orilla de la cama cerca de mis pies.
— ¿Por qué, qué? —intenté ser indiferente.
—Caroline Donovan… está mal lo que estás haciendo, ¿sabes?
—No estoy haciendo nada malo —lo miré a los ojos y él me tendió el ramo.
—Son unas hermosas flores, no merecen tu desprecio… tómalas —se acercó más a mí y me tomó del rostro —. Sabes que sí algo sale mal con ese chico yo estaré para ti siempre.
—Humm… —resoplé sintiéndome un poco tímida ante él —. Siempre es una palabra muy fuerte, casi infinita y nosotros no lo somos… menos yo, lo sabes. —Sonreí vagamente.
—Lo sé. —Dio media vuelta poniéndose de pie y dejó el ramo sobre la mesita a un costado de la cama—. No las dejes morir. Todo el mundo debería aprender a amar tanto las espinas como los pétalos. —Susurró.
— ¿Qué? —Pregunté confusa.
—No puedes querer realmente a la flor si no te gustan las espinas. ¿Has escuchado la frase de esa canción? —Me miró y negué con la cabeza—. “O aprendes a querer la espina o no aceptes rosas.” Si ese chico realmente te quiere, querrá todo de ti, así como eres y por lo que eres y tienes.
—Sabes que no. —Me mordí los labios con fuerza—. Se alejara de mí y si no lo hace yo lo haré.
—Eres cruel contigo misma. —Dijo y salió de la habitación cerrando la puerta con más fuerza de la necesaria.
—No tenías el derecho de decirle que estaba aquí… —le grité, haciendo poco caso a los gritos de Vic del otro lado de la puerta rogando para que lo dejase pasar y pidiendo explicaciones que yo sabía muy bien que no podía darle.
—¿No?, tal vez yo no era el indicado, lo sé… pero tenía que enterarse de que estabas aquí, y él tiene el derecho de saberlo.
—¡Caroline, ábreme…! ¡por favor! —dijo Vic. Me giré con las manos cubriéndome el rostro.
—Basta… —susurré —. ¡Basta! —grité en seco. Me dirigí a la puerta nuevamente y la abrí con brusquedad.
—Vete, váyanse… —miré a Jonathan que me miraba con tristeza y enojo al mismo tiempo—. ¡Ya me escuchaste, no me hagas repetirlo dos veces! —le dije a mi hermano. Éste negó con la cabeza cabizbaja dándome a entender que estaba molesto conmigo y salió rozándole el brazo a Víctor.
—Caroline… —murmuró Vic, y lo miré molesta, iba a decirle o reprocharle algo, pero Jonathan lo tomó del brazo y lo jaló hacia él.
—Vámonos… —le dijo. Víctor dejó caer el ramo de flores en el piso y caminó por detrás de mi hermano. La enfermera me miraba, algo confusa y atónita, pero no le tomé importancia a nada en ese momento. Era más mi orgullo, o mejor dicho mi indiferencia.
— ¿No las tomarás? —Su voz me sacó de mis pensamientos y cuando lo miré, me miró y luego miró las flores. Negué con la mirada baja, dispuesta a cerrar una vez más la puerta, pero antes de poder lograrlo, Peter apareció ante mí y se plantó en medio del marco, observó el ramo con detenimiento y luego se puso de cuclillas para recogerlas. Se incorporó y caminé hacia la cama, ya que sabía que empezaría con su típico regaño de que debía ser más amable y honesta con todas las personas que me rodeaban y que ése tipo de comportamiento no me sentaba nada bien.
Cuando me recosté sobre la cama y encendí el televisor que estaba en la esquina de la pared, Peter cerró la puerta dejando a la enfermera fuera.
— ¿Por qué? —se sentó en la orilla de la cama cerca de mis pies.
— ¿Por qué, qué? —intenté ser indiferente aunque eso me resultó imposible después de haber actuado a como lo hice.
—Caroline Donovan… está mal lo que estás haciendo, ¿sabes?
—No estoy haciendo nada malo —lo miré a los ojos y él me tendió el ramo.
—Son unas hermosas flores, no merecen tu desprecio… tómalas —se acercó más a mí y me tomó del rostro —. Sabes que sí algo sale mal con ese chico yo estaré para ti siempre.
—Humm… —resoplé sintiéndome un poco tímida ante él, nunca me había dicho cosas como esas, tan llenas de sentimientos y cariño.
— Siempre es una palabra muy fuerte, casi infinita y nosotros no lo somos… menos yo, lo sabes. —Sonreí vagamente.
—Lo sé. —Dio media vuelta poniéndose de pie y dejó el ramo sobre la mesita a un costado de la cama—. No las dejes morir. Todo el mundo debería aprender a amar tanto las espinas como los pétalos. —Susurró.
— ¿Qué? —Pregunté confusa.
—No puedes querer realmente a la flor si no te gustan las espinas. ¿Has escuchado la frase de esa canción? —Me miró y negué con la cabeza—. >. Si ese chico realmente te quiere, querrá todo de ti, así como eres y por lo que eres y tienes.
—Sabes que no. —Me mordí los labios con fuerza—. Se alejará de mí y si no lo hace yo lo haré.
—Eres cruel contigo misma. —Dijo y salió de la habitación cerrando la puerta con más fuerza de la necesaria.

Al día siguiente regresé a casa y pasé todo el día en cama viendo películas de terror y series de suspenso.
>.
Después de días mi padre, desesperado, me llegó a preguntar si es que quería o estaba de acuerdo con que me diera de baja en el instituto, pero me opuse rotundamente; lo que yo quería era seguir viviendo mi vida normal, si es que así podía llamarla.
Por otro lado, de Vic no había sabido nada desde aquel día en el hospital. Había pasado una semana desde aquello y sé que era muy injusta, tanto con él como conmigo.
Aunque no había vuelto a la escuela, eso de alguna manera me ayudó a despejarme, pero con ello a caer en depresión.
Estaba en pijama, todavía, y miraba un maratón de la serie norteamericana American Horror Story en la tv mientras esperaba algún tipo de notificación de parte de mi celular que me hiciera saltar de la cama, pero nada.
El lunes que volví a retomar clases todos me miraron y preguntaron por mí y la causa de mi ausencia. La verdad, les dije que era por la muerte de mi madre y que no me había sentido en condiciones como para asistir al colegio. Ana y Paola eran las más preocupadas por mí, y lo entendía, pero no estaba preparada para afrontarme a lo que pasaría diciendo yo toda la verdad.
Al cambio de clases me topé con Michael, que al verme desde el otro lado del pasillo, camino en dirección hacia mí.
—¿Cómo has estado? —Preguntó con un par de libros en mano.
—Bien —Moví la cabeza—. ¿Y tú qué tal? —Se hundió de hombros.
—No lo sé. Cada persona tiene sus propios problemas.
Me mordí los labios y traté de no mirarlo.
—¿Cómo… cómo está? —Bajé la mirada, esperando con ansias su respuesta, pero sólo escuché una ligera risa que me recorrió todo el cuerpo como una oleada de escalofríos.
—Ha estado mejor. No puedo mentirte. La semana pasada apenas y vino dos veces al colegio, no toma apuntes completos y se salta clases. Cuando regreso del instituto, él se encierra en su habitación y no sale más que para ir a comprar comida rápida.
—Basta. —Lo interrumpí—. Lo siento. —Mike sonrió y asintió afirmativamente—. ¿Hoy vino?
—Sí. Lo obligué. —Rodó los ojos y me sentí inmensamente culpable por todo lo que estaba pasando. Claro que yo tenía la culpa, y me odiaba por ello.
Al salir de clase de arquitectura me topé con él. Sentía que no podía respirar, volver a verlo me resultaba mucho más emotivo que nada en mi pobre vida. Sentía, sin exagerar, que mi corazón latía tan deprisa que se me saldría del pecho.
Tomé valor y decidí ir a saludarlo.
—Hola —susurre sólo para él, pero no tuve respuesta inmediata–. Vic…
—¿Qué quieres, gritarme otra vez que te deje en paz? No, Caroline, no me quedaré para esto.
Se giró dándome la espalda y caminó desapareciendo de mi vista en segundos.
—Dale tiempo –escuché a alguien hablarme.
—¿Quién eres?
—Tony, amigo de Vic. —Estrechó mi mano, para luego irse.
Entendí que estaba mal todo lo que había hecho y también tenía bien en claro que si Vic estaba molesto conmigo era por pura culpa mía y de nadie más, pero debía hablar con él, al menos para… aunque me doliera en el alma, quedar como amigos.
Intenté contactarlo y para ser honesta, le mandé treinta y ocho mensajes de texto e intenté llamarlo quince veces, pero ni rastro de él.
Después de una semana de fracaso, decidí ir a visitarlo después de clases y así lo hice. Me encontré con Mike, el cual me dio un aventón hasta su casa y tuve que esperarlo sentada en la sala ya que no estaba en casa, aún.
—¿Volverás con él? —Me preguntó Mike mientras me tendía un vaso con agua.
—Quiero hablar con él. —Dije.
—Espero que él también contigo.
—Sí. Esta vez no dejaré que se vaya y me dejé con la palabra en la boca. –Dije más para mí misma que para él.
Al cabo de unos minutos se escuchó el abrir y cerrar de la puerta principal, y Mike corrió fuera de la sala y yo detrás de él.
—Llegué, Mike —Escuché decir a Vic, con cansancio.
—Hay alguien que quiere hablar contigo —le avisó y Víctor, que estaba por subir las escaleras, se detuvo al mismo tiempo en que me miró por detrás de su hermano menor.
—Hola —saludé con timidez.
Él sólo me miraba sin decir nada.
—¿Qué tal? —Pregunté.
—¿De qué quieres hablar? –Se encaminó hacia mí y yo copié su acción.
—¿Podemos hablar en privado?
—No veo por qué lo que tengas que decirme tengas que decírmelo en privado.
—Por favor, Vic. —Murmuré. Mike se había adentrado en la sala y encendió el estéreo para reproducir un disco a todo volumen.
—Bien –resopló y me indicó el camino con la mano como si yo no supiera dónde se encontraba su habitación.
Subimos las escaleras, Vic por detrás de mí y una vez que llegamos a la parte de arriba, él se posó frente a mí, abrió la puerta y me dio el paso.
—Puedes decir todo lo que quieras ahora. —Cerró la puerta—. Toma asiento.
El lugar estaba más desordenado que veces anteriores; ropa tirada y amontonada en el piso, latas y botellas de refresco, cajas y envolturas de comida rápida, era sólo una parte del desastre.
Me hice espacio entre las pilas y pilas de libros que estaban sobre la cama y tomé asiento delicadamente tratando de no mover nada.
—Quería verte. —Susurre tratando de no mirarlo a los ojos. Mi atención se centró en uno de los libros que estaban a un costado mío: Crónicas Vampíricas de L. J. Smith. Sonreí disimuladamente y recordé el día en que le dije a Vic que ése era uno de mis libros favoritos y él me dijo que lo leería.
—Pues ya me viste. Puedes irte, o mejor dicho, mejor me voy yo. —Se giró dispuesto a salir y dejarme allí, pero me puse de pie de un brinco y lo tomé con fuerza del brazo.
—¡No! No dejaré que te vayas sin que antes me escuches. —Grité.
Mike, el cual estaba abajo subió el volumen de la música, no me costó reconocer que era una de las canciones de Led Zeppelin y le subió tanto que sentí la vibración por debajo de mis pies.
—Oye Caroline, me has tratado del asco desde que te conozco. Siento que no eres honesta conmigo, tienes secretos, ¡lo sé y lo entiendo! y eso no está mal, lo que está mal es que sólo te guardes todo para ti. ¿Y sabes? Aun así me es inevitable amarte como te amo. Me tratas como una mierda y aunque sea así si alguien llegará en éste momento y me preguntará: ¡Hey, idiota! ¿Ha valido la pena? le diría que sí, y mucha, ¿por qué? ¡Porque… —levantó los brazos y empezó a reír entre dientes—, porque eres jodida mente hermosa, y carajo, te amo! ¡Te amo y no me importa perder el corazón por ti!
—Vic —mi voz temblaba.
—¿Y te digo algo más? Sé que me veo como un estúpido diciendo todo esto que vengo sintiendo desde hace mucho. Mucho antes de lo del hospital, y ahora ni tú ni nadie hará que me separé de ti. Jamás. Te lo prometí una vez y eso es algo que recuerdo a diario. —Se me formó un nudo enorme en la garganta, me dolía el corazón y me temblaba todo el cuerpo y estaba llorando.
—Vic, apreció demasiado todo, tus palabras han sido hermosas —llené mis pulmones de aire por completo—. Sé que hice mal al haberte hablado y tratado así aquella vez y quiero que me perdones y también aceptes que seamos amigos.
—No… —murmuró Vic y sentí un golpe en el pecho, literal.
Asentí conteniendo las lágrimas y mordiéndome el labio inferior para relajarme o más bien, para tratar de centrar mi atención en otro dolor, el cual era físico en lugar del dolor que se me estaba creando por dentro.
—Bien. —Me coloqué correctamente la mochila y giré sobre mis talones para dirigirme a la puerta y salir antes de que me soltase a llorar.
Sentí la calidez de su mano tomar la mía al mismo tiempo en que me hizo girar hacia él y murmuró sobre mis labios:
—No, porque yo quiero ser algo más que tu amigo.
Sonreí inevitablemente al igual que él y noté que sus labios temblaban. Pensé que quería decir algo y ese pequeño tintineo sobre sus labios me hacía desear robarle un beso.
—Yo también —le dije y no respondió con palabras; sentí sus manos rodearme la cintura y atrayéndome hacia él con desesperación.

Narra Vic:
Cuando atraje a Caroline hacia mi, le quité la mochila que caía sobre sus hombros y la dejé cerca de mis pies.
Nos quedamos mirando unos segundos sin decirnos nada. Le tomé la mano para entrelazar nuestros dedos, me sonrió y la música de Mike había cesado y el ruido del azotó de la puerta me dieron a entender que Mike era muy inteligente.
—Perdóname. —Caroline sonrió vacilante y me besó rodeándome con sus brazos. Perdimos el equilibrio y sin apartarnos tan si quiera un poco, caímos sobre la cama y el montón de libros. Nos deshicimos de ellos, importándonos poco si se abollaban con el golpe o no.
—Perdóname tú a mí —me susurró y le desabroche la sudadera, con algo de timidez, en señal de respuesta.
Caroline debió entenderlo, ya que se deshizo de mi camiseta en cuestión de segundos y posó sus manos sobre mi pecho mientras yo comenzaba a deslizar mis labios sobre su mandíbula y el lóbulo de su oreja.
La tendí de espaldas sobre la cama después de juguetear con nuestros labios y acariciándole las piernas, Caroline abrió los ojos impactada. Por un leve momento dejé de tocarla y pensé que ya no seguiríamos adelante, pero me sonrió y se le llenaron los ojos de deseo y un brillo sin igual. Me lanzó una sonrisa maliciosa y supe que no debí detenerme.
Caroline alzó las caderas contra mi cuerpo, emocionándome mucho más y le quité las dos primeras prendas junto con el sujetador. Al quedar expuesta así ante mí, se ruborizó y se giró sobre la cama cayendo a un lado mío, cubriéndose los pechos con los brazos.
Con mucho respecto me abalancé sobre ella y le aparté los brazos, cubriendo uno de sus pechos con la palma de mi mano.
Hundí la cabeza en su cuello y aspiré el olor tan embriagante de su piel.
—Esto quiere decir que estamos perdonándonos mutuamente, ¿cierto? —Dije divertido y amé como nunca provocar en ella una hermosa sonrisa.
—Sí. Creo que se puede decir así. —Arqueándose hacia mí, me acarició el torso hasta llegar a la cinturilla de mis pantalones, quedándonos uno sobre el otro hasta que me dispuse a como se dice “terminar lo que empezamos”. Me tomé la tarea de deshacerme de sus últimas prendas inferiores y me deslicé hacia abajo comenzando a acariciar su piel con mi lengua, así desenvolviendo un gemido por parte de Caroline, un sonido que iba más allá de la inocencia y me resultaba tremenda mente excitante. Tanto, que me obligó completamente a seguir.
A medida de que descendía y me acercaba a su sexo, su respiración era cada vez más agitada y acelerada.
Ella se arqueaba cada vez más y cuando me arrodillé en el piso la jale hacia la orilla de la cama, jugueteé con mi lengua entre sus piernas con lentitud y desesperación al mismo tiempo. Caroline empezó a jadear y hundió los dedos entre mis hombros.
—¿Estás segura de…? —No me dejó terminar, pues antes de poder hacerlo, ella se unió a mí con un eterno beso.
Sabía que era virgen, semanas atrás me lo había dicho y bueno yo… yo era un idiota. Habría deseado que así como para Caroline yo sería el primero, habría querido que ella fuera la primera en mi vida.
Gemí ante todo y deslicé con suavidad un dedo en su interior. La fina pequeña gran barrera estaba ahí y dudé por primera vez en hacerlo o no. Le tenía muchísimo cariño y con ello el respecto que le tenía a Caroline era por mucho, el más grande que le tendría a cualquier otra mujer en mi vida.
Seguí acariciando su piel con la lengua, escuchando la gemir y jadear, arqueándose repetidas veces mientras hundía los dedos entre mi cabello y cuando hubo llegado a su clímax, tiró de mí para que me levantará y se colocó entre mis piernas desabrochando mi pantalón.
—Tal vez parezca que estoy asustado, pero sólo preguntaré una vez más: ¿estás segura?
—¿Seguro de que no tienes miedo? Estás temblando —me sonrió con una sonrisa socarrona.
—Estoy más nervioso que tú, tal vez. —Me hundí de hombros y me mordí los labios deseando continuar. Ella asintió y parpadeó riendo entre dientes.
—Estoy lista —se humedeció los labios y me besó con ternura. Mordisqueó mi inferior y cruzó los brazos por detrás de mi nuca, esperando.
Me adentré antes de que pudiera hablar, otra vez.
Caroline se tensó y aspiró aire por la boca, formando con sus labios una leve o.
Alzó las caderas y superó su falta de experiencia. No digo que yo fuera un experto, pero se movió y se meció sin miedo.
Hubo un momento en el que me olvidé de la delicadeza y me adentré más en ella, sus gemidos junto con los míos eran más fuertes de lo que esperaba, pero no nos importó, pues sabíamos que la casa estaba sola.
Recorría su espalda con las yemas de mis dedos mientras besaba su cuello y Caroline echaba la cabeza hacia atrás aferrándose a mis hombros.
Nos quedamos recostados en la cama, observándonos por mucho tiempo hasta que Carol empezó reír y a acaríciame el cabello.
—¿Te he hecho daño? —Movió la cabeza a ambos lados mientras se mordisqueaba los labios.
—Te amo, Vic. —Me susurró antes de aferrarse a mi cuerpo y hundir su cabeza en mi torso desnudo.
—Te amo mucho más —le besé la frente y la abracé con fuerza.
La cubrí con la manta y me acurruque junto a ella.
Narra Caroline:
La luz de la luna inundaba e iluminaba toda la habitación.
—¿Quieres algo de cenar?
—¡¿A la una de la mañana?! —Dije mirando el reloj.
Vic río y estrechó nuestros cuerpos con ternura. Encendió el televisor y besó mi frente antes de ponerse a buscar sus calzoncillos.
—Vic —Me miró atento—. No sabes cocinar. ¿Recuerdas que quemaron el pollo? ¡Oh, y la ensalada que parecía sopa con yogur! –Sonreí burlona, recargando la espalda en la cabecera de la cama cubriéndome con las sábanas.
—¡Vale! ¿Me ayudas? —Me tendió la mano con una gran sonrisa.
—No.
—¿Ah, no? —Se cruzó de brazos y negué con la cabeza.
—No, no bajaré desnuda a la cocina —me llevé las rodillas al pecho.
—¿Y por qué no? –Me sonrío malicioso subiendo a la cama.
—¡Víctor! —Tiré una carcajada—. ¡Ponte los pantalones y una camisa!
—¿Me ayudas? —Besó mis labios y me puse de pie sin importar me no llevar nada encima.
—Ayúdame tú a mi —Sonrió, se acercó a mí y me recorrió la espalda con los dedos. Corrió hacia su armario en busca de una camiseta, me ayudo a ponérmela, me puse los calzoncillos y salimos de la habitación tomados de la mano.
—¿Y Mike? —Pregunté.
—Debe estar en su habitación. —Me respondió mientras buscaba algo en el refrigerador.
Escuchamos un par de gemidos provenientes de arriba y Vic me miró con los ojos muy abiertos.
—Sí, está arriba. —Le dio una mordida a una manzana. Encendió la cafetera y yo ayudé a preparar el café.
—¿Mike tiene novia? —Pregunté mientras picaba trocitos de queso en la barra.
—Que yo sepa no —lo escuché por detrás de mi y no tardó en rodearme con sus brazos y estrujarme a su cuerpo—. Pero yo sí.
Al terminar de cenar, subimos a la habitación y nos quedamos dormidos después de un rato en el que estuvimos hablando.
Por la mañana, me desperté para ir al sanitario. Mientras caminaba por el corredor, escuché que la puerta del cuarto de Mike se abría.
—¿Ya te vas? —Le pregunté a la chica que salía de puntillas y al escucharme brinco de susto.
—Oh. Emm… hola.
—Hola —me crucé de brazos—. ¿Eres novia de Mike?
—No, yo —titubeaba—. ¿Y tú eres novia de Vic?
—¿Lo conoces?
—Se podría decir que sí.
—¿A qué te refieres?
—A nada. Sólo… no me prestes atención.
—¿De dónde conoces a Mike?
–Haces muchas preguntas como para el papel que tienes en esta casa, ¿no?
—Bueno, yo sólo preguntaba, no veo porque te incomoda —dije molesta.
—¿Carol? —Escuché preguntar a Vic cada vez más cerca—. ¿Qué, qué haces tú aquí?

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TE ENCONTRE MIERDAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA !!1

YO IGUAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAL >< ! 
Estar muriéndose del sueño en clases

solo-risas:

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Hasta que el profesor de repente pega un grito muy fuerte

 yo: qué mierda paso? 

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"El demonio empezó siendo ángel"
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